Somos terriblemente malos, en cuanto al proceso de toma de decisiones en el ámbito de la inversión. Terriblemente malos. Tanto es así que pobre de aquel que no someta su instinto, su mente y su razón a unas reglas predefinidas, antes incluso, de que el momento en el que tenemos que decidir si comprar o vender aparezca. Y es que somos así, ¿será cuestión de la imperfección heredada? ¿Estaremos hechos así adrede? El hecho es el hecho, ni en los miles de años en los que hemos formado una “cultura financiera” hemos sido capaces de conseguir pulir las “taras” con las que todos tenemos que lidiar cada día.

Y es que al igual que la selección artificial puede conseguir grandes cosas en poco tiempo, por ejemplo la gran mayoría de razas de perros que conocemos han surgido en el siglo XX a raíz de la intervención del hombre, parece que en cuanto a personas que tomen decisiones de inversión acertadas esto no se ha conseguido. De hecho, tal es la excepción a la regla que hace de estos unos seres más raros que auténticos perros verdes.  Por cierto, pendientes de creación. Deberes para aquellos que se dediquen a la cría de perros.

Lejos quedó la teoría del mercado eficiente en la que, según esta, todos los participantes estudiaban con detenimiento cada elemento que podría influir en su inversión y poco a poco la economía conductual ha ido explicando el porqué de auténticos dilemas como ¿por qué alguien pagaría por un billete de 20 euros una suma mayor? ¿Por qué mi inversión es mejor que la de mi vecino a pesar de haber sufrido una caída importante? Respuesta: Avaricia, egoísmo y miedo. Cualidades innatas de seres alejados de la perfección inmutable omnisapiente. Por la imperfección heredada ¿Qué si no?  Bueno, es una teoría.

Ya habló Kenneth Galbraight de la extrema brevedad de la memoria financiera. Y es que no hay ningún ámbito de la actividad humana en la que la historia, o la memoria, juegue un papel tan poco importante, como en el mundo de las finanzas. Ya sabemos eso de que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla” por lo que si vez tras vez sufrimos esa amnesia selectiva no podremos salir de ese bucle eterno, no pudiendo producir ese perro verde que sea capaz de tomar decisiones de inversión adecuadas.

¿Cuál puede ser uno de los errores que cometemos todos y los cuales nos podrían estar impidiendo aprender? Podríamos enumerar decenas, pero uno de ellos podría ser el que va detrás de  la frase “No fue culpa mía, sólo fue mala suerte” ¿nos suena? Lo que con lenguaje más técnico se ha llamado la tendencia a la autoatribución: el hábito de atribuir los buenos resultados a nuestra capacidad y los malos a cualquier factor externo sea una persona o cosa. Interesante el estudio que se llevó a cabo sobre esta tendencia por R. Lau y D. Russell en el que se analizó las explicaciones dadas por deportistas profesionales después de su actuación en un determinado evento. El 75% de las veces que se produjo una victoria los deportistas se atribuyeron el mérito, mientras que sólo el 55% hicieron esta atribución interna cuando el resultado que tuvieron en ese evento fue negativo. Esto es, vivimos de las excusas.

¿Podría pasarnos esto cuando hacemos trading? Por supuesto. ¿Podremos aprender entonces de nuestros errores si no los asumimos nunca? La respuesta es obvia. No obstante, aunque obvia parece que escuchar a alguien, después de un mal resultado, asumir la responsabilidad es más raro que ver a un perro verde. Lección: queremos ser perros verdes.

Por cierto, ¿te imaginas la cantidad de errores de los que poder aprender después de estar 50 años en los mercados? Si quieres saber la respuesta, en este número, Larry Williams nos lo cuenta en exclusiva para Hispatrading.

Espero que disfrutes como cada número.

Buen trading.

 

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