¿Trader pensador o pensante?

Es imposible pensar en algo que no ha entrado antes por los sentidos. Si no lo hemos visto, olido, escuchado o sentido, para nuestra cabeza no existe. ¿Cómo será la luna para alguien que no la ve? ¿Una melodía para alguien que no la escucha? No podemos saberlo, pero seguramente en base a lo que ya conoce, por analogía, intentará describir lo que no ha pasado por sus sentidos.

Y es que el ser humano necesita experimentar aquello que quiere conocer. Esta es la única forma de que poco a poco pueda ir llegando a la comprensión más profunda que le da conocer de primera mano el objeto de estudio. Todo niño necesita jugar con su entorno para poco a poco ir contestando las preguntas que todo ser humano tiene, ante un campo en blanco en el que no tiene ningún tipo de experiencia. Y este mismo proceso no para en toda nuestra etapa de madurez y en cualquier campo del saber, el consabido método ensayo y error, está presente desde la construcción de un puzle de dos piezas hasta el descubrimiento del antídoto para una enfermedad viral. Necesitamos experimentar para poder conocer.

No obstante, el ser humano puede apoyar su conocimiento en el camino recorrido por sus predecesores, en ese campo, acelerando de esta forma su curva de aprendizaje y salvando los errores que otros cometieron antes y que dejaron registrados para el beneficio de todos. De esta forma, no tenemos que estar inventando la rueda a cada generación sino que el descubrimiento de nuestros padres sirve de base para los nuestros, pudiendo crear con mu chas “ruedas”  complicados mecanismos como los de un reloj.

Así el campo del saber está inundado de información sobre lo que hicieron o dejaron de hacer otros que antes pasaron por ahí y que nos marcan lo que toda persona entendida “debería” saber para poder considerarse un erudito en la materia. Y es cierto que si no tenemos suficientes conocimientos podríamos estar dando constantemente vueltas en círculos. Y como decíamos antes, no podemos saber nada que no haya pasado por nuestros sentidos, y los libros y conocimientos anteriores de otros nos ayudan a ganar tiempo.

Pero ¿a qué nos ha llevado esto en la mayoría de los casos? A llover sobre mojado o al plagio involutivo de ideas que no hacen más que reciclar antiguos conceptos sin poder llegar más allá por estar condicionados por lo que otros hacen.

En esta línea Schopenhauer hablaba del peligro de la lectura, diciendo que es un sustituto de pensar por sí mismo. Y es que mientras que es una gran ventaja saber los pasos que otros dieron antes que nosotros, no deja de ser un peligroso repetir lo mismo que otros pensaron, ya que como él dice, implica dejar que otros dirijan tus pensamientos.

¿Cómo nos afecta esto en el mundo del trading? La literatura sobre la materia es en la mayoría de los casos es un refrito de ideas que no hacen más que salir de nuevo a la luz,  y muchas veces sin antes haber pasado un exhaustivo “control de calidad”. No por mucho repetir una idea se convierte esta en más cierta. ¿De verdad es útil la mayoría de la información relativa al trading hoy día? ¿Por qué todos los que siguen estos mismos consejos tienen los mismos pobres, en el mejor de los casos, resultados?  Si queremos resultados diferentes no podemos actuar haciendo lo mismo que los que tienen resultados iguales.

¿Consejo? Investiga y crea por ti mismo, aunque te apoyes en las ideas de otros. Siguiendo con las palabras de Schopenhauer, “sólo nuestros propios pensamientos básicos poseen verdad y vida, puesto que son estos los que entendemos profundamente”.

Buen trading.

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